ECOARTE
LA MADERA DE NUESTROS PINARES.
UN ASERRADERO MOVIL PARA GRAN CANARIA
Dr. D. Carlos Velázquez
Ingeniero Forestal
Gran Canaria posee una larga tradición con respecto al uso de la madera. Se sabe por prospecciones arqueológicas que los aborígenes canarios se servían del abundante recurso forestal que les brindaba la Isla, mucho más arbolada que actualmente y con una intensidad de uso infinitamente mayor que la sufrida posteriormente.
La llegada de los castellanos supuso un grave cambio en el uso forestal, viéndose el bosque como un recurso a expoliar, o como un impedimento a la agricultura y ganadería, lo que conllevó a una paulatina disminución de la superficie arbolada.
A principios del presente siglo se empiezan a oír las primeras voces serias, insistiendo en preservar los restos arbolados insulares de su total destrucción. Gran Canaria llega a un mínimo de superficie forestal en los años cincuenta, que va remontando gracias a la decidida reforestación de la Administración, doblándole prácticamente la superficie del bosque (pinar en su gran mayoría).
La época de repoblación forestal se caracteriza por el nulo aprovechamiento local, creándose una dependencia exterior en cuanto al suministro de maderas. Gran parte de éstas proceden de las selvas tropicales y son fruto de un uso insostenible, por lo que defender nuestros bosques a ultranza ha supuesto esquilmar los de terceros, con la consiguiente corresponsabilidad en su destrucción.
A principios de los noventa se entra en una fase que se puede denominar de uso forestal racional. Los jóvenes bosques de repoblación entran en una edad (20-40 años), en que se precisa de una intervención para regular la densidad y competencia, y contribuyendo a conferir un aspecto menos artificial a estas masas.
La acumulación de troncos en el monte supuso un problema, por el riesgo de incendio, no existiendo tampoco un receptor del producto obtenido.
Sobre todo, el paso del tronco a la tabla era hasta hace poco el principal escollo con el que se encontraba el sector de la madera local en Gran Canaria, por lo que los troncos más gruesos que resultaban de las claras (y en principio los más valiosos) no podían ser aprovechados adecuadamente.
Si bien hasta los años 60-70 llegaban a la Isla barcos de madera tropical en rollo (sin aserrar), que posteriormente era trabajada en los sinfines de carro existentes, los países productores empezaron (con muy buen criterio) a exportar la madera aserrada y secada (o presecada), a fin de crear puestos de trabajo en el país. Esto llevó a que se reconvirtieran los sinfines de carro en sinfines normales de carpintería.
En los últimos años han aparecido en el mercado distintos tipos de aserraderos móviles. Estos aparatos, consistentes en una estructura de aluminio con un sinfín o unas sierras circulares adosadas, pueden ser remolcados por un vehículo normal, por lo que pueden trabajar a pie de pista. Son más baratos que los aserraderos fijos (a partir de 4 millones de pesetas) y tienen una gran precisión de corte, siendo mínima la pérdida de madera, por el grosor de la hoja de sierra. Si bien en un principio se desechó este aparato por su alto coste, después de sondear el mercado se ha conseguido un modelo relativamente económico, que ha sido adquirido por el Cabildo de Gran Canaria, y que actualmente está funcionando en la finca de Osorio.
Este aparato abre nuevas opciones para el uso de la madera local. Se pretende crear a medio plazo un mercado interior de madera que mejore las condiciones de vida de la población aledaña a nuestros bosques, con criterios de conservación y mejora de las masas, no de explotación.
Entre los posibles usos que se vislumbran, se pretende ofrecer la madera para restauración de viviendas tradicionales, para trabajos de carpintería rústica, así como trabajos artesanos. Se abre por tanto una vía de acceso al recurso de la madera para los artesanos, estudiándose la creación de precios preferenciales, para mejorar el margen de beneficio en el producto final.
Asimismo está en marcha la instauración de una ecocertificación de la madera local, que garantice que su uso no conlleva la destrucción de los bosques (como pasa con la madera tropical), sino que por el contrario se ayuda a la conservación y mejora de éstos.
Se espera por tanto en los próximos años un renacer de una actividad que puede ayudar a limitar nuestra ya endémica dependencia del exterior en cuanto a recursos.
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